Ricardo Dominguez Alcaraz

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Blog sobre Fotografía y la vida, que al final vienen a ser lo mismo.

Vender fotos

Esta entrada en el blog podría entrar dentro de una categoría que se llamaría algo así como "por qué Ricardo hace las cosas que hace". Una de esas cosas que hago, como creo que ya sabréis, es vender copias de mis fotos. Creo que puede ser interesante contar mi experiencia y que cada uno haga lo que crea con ella.

Para mi vender fotos es una pata más de la mesa. Es decir, no sobrevives de ello en exclusiva, pero la venta de alguna copia ayuda. Es una cosa más. Quien se quiera meter en el negocio de vender copias para vivir de ello lo lleva crudo. Incluso a los best-sellers les resulta arduo vivir en exclusiva de la venta de imágenes, si es que lo llegan a conseguir. Así que lo aconsejable es tenerlo como una fuente de ingresos más. Esto es opinión, claro.

Una copia es equiparable a una obra de arte, esto hay que tenerlo en cuenta. Y no, no me estoy flipando. Su valor artístico, y por ende comercial, va ligado a esta consideración. Aunque sea una fotografía sea un objeto reproducible mecánicamente, las copias de imágenes tienen un aura de unicidad, sea por ser un número limitado de copias, sea por ser la que estaba expuesta en tal sitio, sea por que se hizo en cierto momento, sea por que el fotógrafo/a ha firmado con su puño y letra en el reverso. Pero no sólo eso, tienen esa aura de unicidad porque somos nosotros, como espectadores, los que volcamos de una forma u otra en esa imagen nuestro propio ser. Nos gusta esa imagen, nos atrae, nos lleva adentro. Y eso es lo que para muchos la hace única.

Así que al comprar una copia, compras algo que va más allá de la mera imagen. Compras una emoción que deseas tenerla a mano y sentirla cada vez que la veas. Ese, bajo mi punto de vista, es su valor. Y eso se paga, como es natural. El precio variará dependiendo de la imagen en sí, de su historia tangible y comprobable, del caché del fotógrafo, del lugar de venta, del momento en el que se inscribe la imagen y la venta, del tamaño de la copia e, incluso, del modo de impresión y del material utilizado para ello.

Pero hay algo más que va en la base de la imagen misma. Lo anterior es circunstancial hasta cierto punto y variará para bien o para mal. De lo que hablo es del tiempo. No, no de si hoy hace sol. Sino del tiempo que el fotógrafo/a se ha pasado haciendo esa imagen, de lo que ha trabajado, estudiado e investigado anteriormente para que en ese momento concreto pueda y sepa hacer esa imagen. Porque las imágenes se hacen. No sólo apretamos el botoncito y ya está, la Fotografía no es un anuncio de Kodak. Para la inmensa mayoría igual sí, y está muy bien. Pero para quiénes nos dedicamos a ello 24/7, a vivir por y pese a ella, la Fotografía es algo más parecido a una forma de vida. Y ello, para bien o para mal, se refleja en cada imagen que producimos. Por lo tanto, a la hora de vender copias de nuestras fotos, el valor de ésta tiene un mínimo a partir del que crece. Y ése mínimo es nuestro tiempo. Es nuestra propia vida si nos queremos poner intensitos. Pero lo jodido es que es así. A partir de ahí es el mercado el que te pone en un lugar u otro, el que etiqueta a esa imagen como un producto artístico y, por ende, como un producto de lujo, con todo lo que va relacionado al concepto de producto de lujo.

Vender, vendes poco. De vez en cuando alguien te compra. Es lo normal y es algo de lo que tienes que mentalizarte si te lanzas a vender copias de tus fotografías. Lo habitual es que no te compren. A partir de ahí, lo que vendas bien vendido estará. Incluso aunque ya tengas cierto nombre, cierta trayectoria, el número de ventas no es algo en general. Siempre hay excepciones. Luego siempre esperas que una de esas excepciones seas tú. Y lo jodido es que se puede dar, pero para que se pueda dar, hay que trabajárselo a distintos niveles. Para variar nada, incluso ni un premio de la lotería, viene gratis y porque sí.

¿Qué he hecho yo para, ya no poder ser esa excepción algún día, sino para simplemente vender una copia? La vanidad te respondería que he hecho de todo, pero al final supongo que siempre se puede hacer algo más. Así que la respuesta sería que se hace lo que se puede, que es lo mínimo que se puede hacer. Principalmente las vendo a través de mi web. Durante un tiempo mediante una bonita tienda online con su grado de sofisticación, pero hoy ya con un grado algo más personal: me escribes, hablamos y te la llevas. Creo que es importante ese punto personal, ya que si alguien me compra es que realmente desea comprarme una copia. Esto no es Ikea. Y la cercanía creo que se agradece a la hora de vender y comprar una copia. Esto se aprende dándote alguna que otra hostia que te baja al suelo de inmediato. En mi caso esa hostia creo que fue el deseo de sofisticación antes mencionado con una tienda online, con todo lo que ello supone, y el tratar de vender a través de espacios/tiendas/galerías web que, en mi caso, poco o nada hicieron por mí. A partir de ahí aprendes que, como en otras facetas de la vida, la Fotografía va de darse hostias, de aprender de ellas y tirar hacia delante. Ensayo y error, como dirían algunos. Hoy, ya veis, esto de comprarme copias es algo más cercano, algo más personal. Creo que es mejor, en definitiva.

¿Cuál es el proceso de trabajo, de impresión, de envío? Hace un tiempo lo hacía yo mismo. Tengo una impresora profesional y algún conocimiento para poder hacerlo con una calidad más que decente. De hecho, yo me imprimo mis propias copias y por casa andan colgadas. Pero, hostia mediante, llegó un momento en que si quería subir un escalón o, por llamarlo de alguna forma, hacer mejor las cosas, un mejor producto, las copias debían ser impresas por profesionales. Yo me dedico a hacer fotos, ellos a imprimirlas. Y todos contentos. Busqué el sitio que más me podía ayudar en lo que buscaba y acabé dando con thePrintspace, en Londres, en una calle larguísima que por un lado te condice al Tower Bridge y por el otro a White Hart Lane. No sólo me proporcionaban impresiones de altísima calidad (y por supuesto, con la documentación de la copia adjunta), sino que también un medio económicamente más sostenible de enviar las copias perfectamente preparadas y empaquetadas a cualquier parte del mundo. Vivimos en un mundo globalizado e igual podemos venderte a ti que vives en València, a ti que vives en Londres o París o a ti que vives en Akron, Ohio. Esto puede ser un palo en la rueda o una ventaja, yo lo veo más bien como esto último. Al final internet sirve para algo más que ver porno.

Y lo sabes.

¿Aún con todo, amigo/a fotógafo/a, sigues queriendo vender fotos? ¿Aún con todo, amigo/a de la Fotografía, sigues queriendo comprar fotos? Haces bien. A mí me sigue flipando que alguien tenga una opinión tan elevada de alguna de mis fotos o que alguna de mis imágenes toque la fibra en alguien de tal modo que sienta que debe comprar una copia. Me flipa, halaga y emociona. Soy el típico que hace más las fotos pensando en sí mismo que pensando en los demás, así que saber que a alguien aparte de mí esa foto le ha tocado en lo más hondo no solo es un orgullo y una satisfacción, sino que es algo que no deja de emocionarme. Éste es el subidón que te da el vender copias, más que la vanidad y el ego, simplemente saber que alguien se emociona con lo que haces. Ojalá eso no cambie nunca.

Sacad los violines si queréis, pero creedme que es lo que pasa. Los fotógrafos/as somos seres extraños, tan extraños como quien vemos en un espejo cuando nos miramos en él. La diferencia es que dejamos constancia de ello, muchas veces en papel. Pero lo que nos acaba uniendo con el resto de los seres humanos es que también necesitamos comer.