Ricardo Dominguez Alcaraz

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Blog sobre Fotografía y la vida, que al final vienen a ser lo mismo.

El Paisaje Vernacular

Cuando empecé a dedicarme de forma permanente a la práctica de la fotografía, me preguntaba en qué podía o debía basar mi trabajo. Hay tantas opciones que al principio, como creo que pasa a casi todos, tenía dificultad para decantarme por una línea u otra. Después de mucho pensar y al revisar qué fotos hago, cuáles son mis intereses, de qué forma trabajo y, muy importante, cómo soy, llegué a la conclusión de que mi fotografía debía versar, de un modo u otro, sobre el paisaje.

Fotografía de la serie “the GREAT ESCAPE 1 - the Seaside”, ©Ricardo Dominguez Alcaraz

Fotografía de la serie “the GREAT ESCAPE 1 - the Seaside”, ©Ricardo Dominguez Alcaraz

Como paisaje todos entendemos, y de alguna forma es la acepción más extendida, que es una imagen de un sitio natural, una puesta de sol o un amanecer en la playa, de árboles y animalitos. Para el mundo en general un paisaje sería entonces algo así como un espacio natural que bien podría ser pintado por un pintor. Lo bonito, en resumen. Así pues, la concepción que tenemos viene de la pintura y nadie ha tenido la necesidad de salirse de ella para definir qué es paisaje y qué no.

Obviamente, cuando empiezas a rascar un poco te das cuenta de que el paisaje, aunque puede ser esto, es mucho más y va más allá de la concepción universalmente aceptada del sitio considerado como bonito, sea lo que sea lo que consideremos como bonito, o la imagen bonita de un sitio. Es entonces cuando me topé con el término "paisaje vernacular" ¿Qué es eso del paisaje vernacular?

Empecemos por tratar de definir qué es eso de "paisaje". Es un término derivado de "país", el cual se refiere a "territorio físico". Sí, país es igual a territorio físico. Luego la política ya ha pervertido el término. Y así nos va. Pero volvamos a lo nuestro: si país es territorio físico, paisaje pues se refiere a una vista de éste territorio físico. Bien, entonces los que pusieron el nombre de las categorías pictóricas no engañaron a nadie: los pintores de paisaje pintan, efectivamente, vistas de un país.

¿Y qué es eso de vernacular? Es una palabra anglosajona que podríamos traducir como "vernáculo" y que está aplicada principalmente a la lengua propia de una región o a las construcciones físicas propias de ésta. Así pues, en lo que aquí tratamos podríamos decir que lo vernáculo es lo propio de una zona en concreto, de un lugar específico. Sus características propias distintivas, para resumir. Por lo tanto, el concepto de paisaje vernacular sería un concepto que se refiere a las características propias de un territorio físico específico. Características que forman parte de él y lo identifican, cosas físicas o no, propias de un lugar que le dan voz e identidad propia. No solo vistas naturales, pues aquí ya se trata de la cultura, tradiciones, formas de ser, tipología de construcciones, ... todo aquello que le da una identidad propia a ese lugar en concreto. Incluso también nosotros, las personas.

Fotografía de la serie “no one’s land”, ©Ricardo Dominguez Alcaraz

Fotografía de la serie “no one’s land”, ©Ricardo Dominguez Alcaraz

Por todo ello se puede decir que el paisaje vernacular se construye. No está ni viene dado en la propia Naturaleza, sino que es el ser humano quien lo hace para servirse de él en comunidad y así diferenciarse de otras. Es una manifestación de identidad. Siempre han habido y habrán clases, y no es de extrañar que el cariz que adopta un lugar viene dado por los intereses y aspiraciones de la clase dirigente que, con el tiempo, se convierten en los intereses y aspiraciones de una gran mayoría. Sin embargo el paisaje vernacular va un poco más allá, ya que como elemento transversal en una sociedad muchas veces es un constructo mental, una percepción de quien lo observa y lo vive. No hay nunca dos paisajes iguales, como nunca hay dos formas de ver iguales. El paisaje lo construimos mediante presencias y ausencias, mediante experiencias que nos dictan la importancia que éste tiene en nosotros y la forma que tenemos de verlo y vivirlo.

Paisaje vernacular son nuestras ciudades y pueblos, su tipología de calles, los edificios y demás construcciones; es la relación personal que se establece con el resto de personas que allí viven; es la gastronomía, las fiestas y tradiciones; es la cantidad de servicios de que disponemos o no, de lo que puedes hacer allí o no. El paisaje vernacular va más allá de lo físico, de lo tangible. Va a lo emocional y a la propia idiosincracia del lugar, de lo que hay en él, de cómo es y, sobretodo, de quiénes vivimos en él y nos identificamos a través de él. El paisaje vernacular de donde vivimos nos marca desde antes de caer. Nos guste más o nos guste menos. De ahí su importancia, ya que este paisaje es nosotros mismos, como individuos, pero sobre todo como sociedad. Nos identifica para el resto.

No es extraño pues que desde el poder económico y político el paisaje sea usado según sus intereses. Hoy en día se busca, por encima de todo, transmitir una imagen hacia el exterior. Da igual si tiene contenido o no, si es real o no, pero siempre ha de ser positiva y benévola. Esto ha llevado a estereotipar los diferentes paisajes vernaculares, descafeinarlos, edulcorarlos y aseptizarlos. Paisajes que más que para identificarse sirven para ser vendidos como objeto turístico, como experiencia turística. Para ser lucidos más que vividos. Si tienen éxito en ello, cada vez el estereotipo va a más. Si tienen éxito, incluso gran parte de la población residente tratará de usarlo en su beneficio propio, lo aceptará incluso como propio, como bueno y se sentirá orgulloso de él aunque sepa que en realidad su paisaje vernacular no es tan perfecto, bonito y aséptico como lo venden en Lonely Planet de turno. Pero, ¿a quién no le gusta y no busca identificase con el éxito?

Fotografía de la serie de “La Perla del Túria”, ©Ricardo Dominguez Alcaraz

Fotografía de la serie de “La Perla del Túria”, ©Ricardo Dominguez Alcaraz

La importancia de mantener vivo el paisaje vernacular de un territorio es grande en esta época de globalización y uniformidad. Al final somos lo que vivimos, somos el lugar en el que vivimos. Y sea como sea es algo que deberíamos mantener, alimentar y seguir construyendo. En mi caso, la gracia de ser valenciano es que soy valenciano, con todo lo que conlleva y me guste más o menos. Y la gracia de vivir en una ciudad como València es que vivo en València, para bien o para mal. No es mejor ni peor que vivir en un pueblo o en otra ciudad u otro país (entendido tanto como territorio físico como Estado-Nación). Simplemente es. Y ello me identifica y me caracteriza personalmente gracias al paisaje vernacular que me rodea, de los edificios, de la cultura tanto material como inmaterial, de las formas de ser de quiénes me rodean, de lo visible como lo invisible.

Uno de mis cometidos como fotógrafo es ayudar a seguir construyendo el paisaje vernacular que me rodea. De hecho gran parte de la construcción del mismo es a través de la imagen, de lo visual y de lo que de ella se deriva: pintura, fotografía, ilustración, literatura, música, danza, escultura, gastronomía, cerámica, ... y en el caso propio de València, también las Fallas, cómo no. Como se puede ver, la construcción del paisaje vernacular es subjetiva, con todo lo que conlleva eso. Y precisamente ahí está la gracia, que cada uno vemos nuestro entorno conforme nos da la gana. Somos testigos y transmisores. Y todas estas miradas conforman nuestro paisaje vernacular común.